Una extraña paradoja en la que el vacío esta lleno de tantas cosas tuyas... Que no has visto, que no compraste, que ninguna tía Gregoria te regaló de cumpleaños.
Es esta paz, serenidad resultado de una continuidad inamovible; no estás, hecho inalterable de la naturaleza, que si bien me pica, es una desolación que se lleva como cargar los brazos, y la incapacidad de volar.
La certeza agridulce de que una de tus negras miradas haría huracanes del mar que guardo en cajas y la punta de tu índice izquierdo lograría que Marcial Agripino corriera por la casa hurgando en los estantes robando todas las manzanas de caramelo y gritara incesantemente sus anécdotas de guerra.
Revolución, destino, distancia, gritos y tormenta.
Vacíos, paz, estanques, listones blancos.
Curioso asunto este de quererte.
Y es mirarte como si comenzara a reconocerte
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